
NOTA DEL TOÑO: Cuando mi carnalito del alma Oliver Showbeast Meneses y yo nos poníamos de acuerdo para grabar el próximo podcast de Finísimos Filmes, él recibió una llamada para avisarle que su abuela paterna había muerto. Sobra decir que en momentos así todo el mundo pasa por reflexiones serias, búsqueda de razones y hasta cuestionamientos personales que van más allá que lo que un pésame y una sarta de misas pueden llegar a cubrir, emotivamente hablando. Oliver, sin embargo, es alguien que escribe y lo hace muy bien. Como él no tiene un blog ad hoc para este texto, me hizo el enorme honor de prestármelo, y yo tengo el orgullo de compartirlo con ustedes para que vean que detrás del amigo con el que digo disparates ante el micrófono es un tremendo pedazo de ser humano, poseedor de una visión de la vida que me ha sacado avante en ratos difíciles y me ha puesto pies en la tierra en momentos oscuros.
Un abrazo, carnalito. Eres de los que no tienen piezas de refacción, por aquello de que se rompió el molde.
—————————————————————————————-
PREGUNTAS SIN CONTESTAR
Hay veces que uno quiere el mundo se detenga y haga eco, o acompañe, a un momento de silencio, a un suspiro o una lágrima.
Que entiendan como uno, y los cercanos, lo importante de lo que se acaba de perder.
Lo escencial que fue una vida para que muchos estemos aquí.
Pero no es así.
El mundo -egoísta peor que uno- tiene su ritmo, apresurado, y su manera de lidiar con el dolor o la nostalgia ajena: sin importarle lo más mínimo.
Y no se culpa. Esa indolencia que nosotros damos a diestra y siniestra se vuelve espejo cuando nosotros buscamos un poco de pausa.
Se murió mi abuela paterna hoy y tuve que seguir contestando mails.
Tuve que seguir recibiendo llamadas de clientes con dudas existenciales y cartera vencida.
La vida sigue. Siguió sin importarle nada.
¿Y cómo detenerla un momento? ¿Se vale decirle a todos lo que te ocurrió? ¿Lo que perdiste? ¿Lo que extrañas? ¿Qué esperarías a cambio?
¿Qué harías tú -o has hecho- cuándo a alguien atraviesa por algo similar?
No se puede. En el mundo de los adultos no hay manera de parar.
¿O cómo les dices a los miles de marchistas que paralizan hoy la ciudad que te abran paso porque tienes que cruzar Reforma para ver el cuerpo sin vida de alguien que te cargó de chiquito? ¿Quién tiene más derecho? ¿Ellos que claman por miles de muertos y muertas o yo que sólo voy por una?
Todos. Y nadie.
Ya entrados en retórica: ¿tuve que sentir culpa por estar hoy mismo en un salón de señoras de dinero cortándome el pelo para no perder una cita hecha con anterioridad y poder asistir a una boda el sábado? ¿Tenía que seguir con mi vida y los planes agendados para antes y después, o no?
Cuando la tristeza y la melancolía no logran interrumpir tu vida, ¿está mal? ¿Somos malos? ¿Insensibles?
En el momento que yo pagaba de más por un corte de pelo, mi tío, el que está haciéndose cargo de la logística del funeral, cruzaba la ciudad en transporte público para seguir con el tramiterío.
Mala juxtaposición de momentos.
Culpas. ¿Culpas?
¿De que él estuviera en esa situación y yo en una más cómoda en ese mismo tiempo-espacio?
Obvio yo me había ofrecido para cualquier ayuda o necesidad. ¿Pero… no debería él sentirse mal de no tener una mejor posición económica? ¿No debería él sentirse mal de jugarle al Superman familiar y no delegar?
¿Y sobre todo: es necesario sentirse mal por otras cosas, aparte de lo que “debe” uno, como es sólo la pérdida de alguien?
Son preguntas sin respuesta.
Quien intente responder es porque quiere tomar partido, hacer villanos y héroes y poner todo en una escala de valores sociales que seguro no pega con nada en la realidad.
Y después de dar un adiós: vienen una boda, 3 días de conciertos. Sol. Una comida familiar. Besos y sexo.
La vida sigue.
¿Está mal? ¿Está bien? ¿Es necesario preguntárselo?
¿Qué pedimos nosotros para cuando no estemos? ¿Y de eso, qué lograrán hacer nuestros cercanos?
Seguro seguirán llegando los mails y los telefonazos. Las marchas y los cortes de pelo.
La lluvia, la noche y luego, más sol.
Somos polvito en el viento.
Vivamos felices mientras.
Hagamos hartas cosas, como dice la canción, antes de que nos olviden.
–– Oliver Meneses, 6 de Abril de 2011
Me gusta:
Me gusta Cargando...