Antes que nada, seamos objetivos. Quien se mete a ver una película como esta en busca de una intrincada historia, personajes multidimensionales o reflexiones profundas sobre la naturaleza humana está cometiendo un grave error. Sucker Punch no se hizo para esto. El simple hecho de que la mayoría de quienes han abordado su existencia aún estén debatiendo sobre asignarle un género propio (híbrido entre el videojuego y el cine) nos dice mucho. Pero no por eso es menos disfrutable.
En el mundo cinematográfico, esta peli es como lo que la lucha libre es al deporte de competencia. No hay sorpresas. El resultado está determinado con antelación, y lo que puedan aportar los participantes es meramente show. Zack Snyder hace pornografía de la técnica visual así como Vince McMahon hace pornografía esteroidizada de una disciplina que sí tiene raíces competitivas, pero que ha sido reinventada con fines de tornarse en puro espectáculo.
Sigue leyendo
