Sin luz…

Quienes leen este blog o me siguen en Twitter estarán más que enterados de mis recurrentes problemas con ciertas dependencias y corporaciones, pero en particular con el servicio que provee de energía eléctrica a mi hogar y oficina. En un principio fue Luz y Fuerza del Centro (o Lucy Fuerza, como le he llamado desde hace mucho para ser consistente con mis múltiples idioteces). Ahora, es la Comisión Federal de Electricidad, (“empresa de clase mundial”, rezan sus anuncios), desde que el Presi Felipillo de Bolsillo decidió ejercer su poderío para disolver a una empresa inoperante y corrupta para sustituirla por otra que es nada más inoperante. O lo será hasta que tenga chance de corromperse, claro.

He pasado la mayor parte de mi existencia chilanga en las inmediaciones del pueblo de Tlalpan, concretamente en la colonia Toriello Guerra. Es muy bonita, muy tradicional y hogareña, o al menos lo era hasta que nuestros regentes perredistas se dedicaron a conceder usos de suelo como si se tratase de regalar tortas a sus acarreados. Ahora no hay un centímetro de banqueta sin ocuparse. Enjambres de motos repartidoras zurcan las otrora bucólicas calles a todo gas, poniendo en peligro a peatones y mascotas por igual. El ruido de los cláxons inicia su infernal coro desde las 7am (hay más de 39 escuelas en la zona)… pero sigue siendo mi colonia, así que me aguanto.

La bronca es que la zona entera tiene una reputación ancestral por experimentar problemas con la energía eléctrica. La luz se va, en promedio, de tres a cuatro veces por semana, con lapsos que oscilan entre una horita hasta un día entero. Y ahora que decidieron que los postes existentes tenían consistencia de mazapán sopeado en atole y que había que cambiarlos, los apagones se suceden con frecuencia aún más habitual. Triste caso.

Hace un par de semanas se me fue la luz otra vez. Marqué al 071. Me informaron que era una falla general en el área, y que las cuadrillas estaban trabajando en resolver el problema, como siempre responden cuando reporto un problema así. Los operadores son atentos, repiten el estribillo que debe estar grabado en piedra en varias paredes de su call-center y le recuerdan a uno que CFE es una empresa de clase mundial.

Pero la luz no regresó.

En efecto, tras verificar que no había luz en varias calles a la redonda, pensé que era uno de tantos apagones generales. Pero horas después ya había luz en la avenida. Y en las casas de mis vecinos. Pero en la mia no. En el ínter había llamado tres veces más (una por hora de apagón), pero la cantaleta de la falla general se repitió consistentemente. Nada más que al ver que yo era el único afectado, el tenor cambió drásticamente. Y decidí documentar todas las llamadas adicionales, registrando el nombre de la persona que me atendió y el tiempo de llamada, además de los detalles de la misma. He aquí una versión abreviada de la subsecuente tragicomedia:

Llamada 5: Me repiten que es un apagón general y que no me preocupe, que las cuadrillas trabajan 24 horas al día, los 365 días del año, para garantizar el mejor servicio y que no están autorizados a recibir ninguna clase de pago por sus servicios por parte de nosotros, los clientes.

Llamada 6: Insisto en que la falla no es general, que soy el único afectado y que me urge me informen cuándo puedo esperar reestablecimiento del servicio, pues tengo insulinas de mi hija en el refri y requiero de la energía eléctrica para conservarlas. “No le podemos decir cuándo se le va a atender…” Sigue leyendo