El Grano

En primer plano, El Grano. Detrás de él, El Toño.

Hoy no aguanto la nariz. Y con toda la razón. Desperté con un curioso dolor en la cara, y me imaginé que era de ser tan guapo, como dice la rola de Los Inhumanos. Pero no. El Grano se apoderó del punto más pronunciado de mi nariz de chilito relleno y empezó a crecer como los rumores de que Luismi se había petateado.

Claro, los mentados rumores se fueron apagando al poco rato de su aparición. No así El Grano. Oh, no. Lo que en la mañana era un dolor similar a haber recibido un escolar garnuchazo, ahora alcanza proporciones similares a estar pariendo un tuna pitahaya por vía nasal.

Nunca fui un adolescente barrudo, así que no sé muy bien cómo lidiar con fenómenos cutáneos de esta especie ahora que me encuentro en el umbral de la vejez senil. Sé que me duele, y punto. Y sé que está destinado a crecer todavía más, con el consiguiente aumento de dolor para la henchida epidermis que aún no lo deja madurar en plenitud.

El problema de El Grano no es precisamente estético. Si saliera a cuadro en TV para ganarme la vida, seguramente sería una tragedia profesional, pero no más allá de la solución que una discreta aplicación de maquillaje es capaz de brindar. Es obvio que la solución del maquillaje está descartada, pues mi problema tiene que ver con dolor, no con ganar el certamen para Reina de la Primavera.

Lo peor del asunto es que una protuberancia de esta índole provoca toda clase de recomendaciones por parte de cualquier hijo de vecino que se topa contigo:

  • “Pónte pasta de dientes, eso siempre le funcionaba a mi primo”
  • “Compresas de agua caliente, nunca fallan”
  • “Calienta una toalla sobre vapor de agua y úntale un poco de mostaza, eso abre el poro y deja salir la infección”
  • “Esteriliza un alfiler y dále un piquetito. Al principio te va a doler de a madres, pero en unos segundo se pasa a medida que la sangre escurre y se desinflama todo”
  • “Tengo un primo que se los quita con jabón de cacahuananche”
  • “Frótalo con tantito carbonato, eso no falla”
  • “Windex” (esa fue de una pendeja que hizo su broma “muy actual” de la pinche peli Casarse está en griego).
  • “Hay una pomada de vitamina A y ácido ascórbico que funciona muy bien, pero te la tienes que quitar en el momento justo, porque de lo contrario te quema la piel”
  • “Pon a hervir una olla con agua, añádele unos eucaliptos y cuando esté el vapor a todo, acerca la nariz al agua lo más que aguantes”

En resumen, nada más faltó el imbécil sugiriendo mojar el grano en gasolina y arrimarle un cerillo encendido. Y cabe añadir que todos los remedios son garantizados por sus emisores, quienes por alguna razón nunca pueden explicar científicamente el porqué afirman que funcionan. A lo mucho dicen que “así son los remedios caseros”. Y yo mientras tanto sigo con El Grano gigante y enrojecido adornando mi cara de imbécil, esperando que otro pendejo más venga a hacer un chiste alusivo a un reno navideño. ¡Qué ocurrente! ¡Sólo me han llamado Rudolph 72 veces desde que salí de casa! ¡Deberías trabajar haciéndole monólogos a Adal!

Bueno, Finísimos, disculpen que el post de hoy no haya sido tan elaborado como el de ayer, pero creo que El Grano es el culpable. Sospecho que está absorbiendo parte de mi cerebro, atrofiado por el alcohol y la edad avanzada, para convertirse en una entidad propia, con funestos planes para eventualmente madurar como organismo independiente y consumirme del todo, antes de emprender una sangrienta campaña para apoderarse del mundo…

O a lo mejor es un barro común y corriente, vulnerable al Clearasil. Mañana lo averiguaré.