No es que me queje, pues sería muy malagradecido con una vida que me ha dado tantas cosas geniales, desde familia y amigos a quienes adoro hasta una profesión que me permite vivir bien y tener tiempo libre para invertir en este blog. Pero hay algo que sí me extraña. Y es que nunca gano nada.
No soy adicto a comprar billetes de lotería, pero cuantas veces lo hago no he ganado ni reintegro. Del Melate, ni se diga, creo que lo más que atiné fueron dos de los seis números. Y la Florida Lotto, donde compraba números siempre que la bolsa pasaba de los 10 millones de dólares, siempre me trató como su perra carcelaria.
¿Rascar billetitos? Déjenme decirles que pasé brevemente por esa etapa, animado por cantidades de historias en noticiarios que hablaban de algún iluso que nunca había comprado un billete de lotería y la primera vez que lo hizo se llevó el premio. Una vez salió en la tele un guey que se sacó 50,000 dólares, y cuando fue a la misma tienda a recrear el suceso para las cámaras, se sacó otros 50,000. Vamos, la Diosa Fortuna no puede ser tan desigual, ¿o sí?
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