Mis Comidas Bizarras

Andrew Zimmern (¡Eres grande!) y el Chef Goofy, seguramente degustando unas patitas de Piglet

El otro día leyeron todas las pestes que solté contra el chayote, la única cosa que en realidad me rehúso a probar. Pero por otra parte me puse a pensar en cosas que suelo degustar con singular regocijo, y que sin embargo no le puedo recomendar a la mayoría de la gente a sabiendas de que, casi con toda seguridad, van a encontrarle más peros que al vestuario de Lady Gaga.

En gustos se rompen géneros, pero en el sentido del gusto, específicamente, es completamente arbitrario el decir: “Prueba esto, te va a gustar”. ¿En base a qué podemos hacer una aseveración así? Hay tantos factores en juego que resulta imposible hablar con tal certidumbre.

Chilaquiles verdes: Una comida con propiedades curativas

Analicemos un platillo común, corriente y mexicano: los chilaquiles verdes, por ejemplo. En su preparación tradicional son una maravilla culinaria. Simples en su concepción, combinan sabores de manera magistral y, por si fuera poco, nos alivian en momentos de cruda. Sin embargo, basándome en gente cercana a mi, puedo decirles que hay quienes no los comerían por factores diversos, que voy a enlistar, junto con comentarios que he escuchado de boca misma de dichas personas, refiriéndose a los diversos ingredientes:

  • La presencia de cebolla cruda. “Huele horrible, sabe peor, te deja la boca apestando a sobaco”.
  • El color verde. “Para mi lo verde está echado a perder, o es de puros hierbajos, y yo no como hierbajos, no soy vaca”.
  • La crema. “Guácala, ¿quién quiere meterse una cucharada de grasa en la boca?”
  • El chile. “Uy, no. He llegado a los 40 sin úlceras y quiero seguir así por muchos años más, gracias.”
  • Tortillas fritas. “Si lo que quieres es buscarte un infarto, ¿porqué no mejor te metes puños de masa por el cólon y te bebes esta botella de aceite de cártamo?”
  • Pechuga de pollo deshebrada. “Soy vegetariano, ¿no sabías?”
  • Queso añejo. “¿Añejo? ¿Porqué no mejor me ofreces ‘queso viejo que se te olvidó en un cajón del refri hace dos meses’ y te quitas de idioteces?”

Eso es con algo tan inofensivo como los chilaquiles. ¿Quieren decirme ahora cómo puedo recomendarle a alguien un crujiente taco de chapulines en adobo, un rebosante plato de arroz con pulpo en su tinta o un exótico menú tradicional de sushi (y dije “tradicional”, no las jaladas que nos venden con Surimi y salsa Tampico)?

Y sin embargo, ahí va: cinco comidas que me encantan, pero que sé que a la mayoría le causan repugnancia… Sigue leyendo